Espera a tu avión con clase en estos 6 bares de aeropuerto

Siempre se ha escuchado la expresión de que montar un bar en el aeropuerto es un buen negocio, algo que nunca he llegado a comprender del todo, ya que los movimientos que realizan los aviones en el despegue hacen que lo que menos me apetezca en ese momento es tener alcohol en el cuerpo, pero que ha mucha gente con miedo a volar (o con mucha más tolerancia que yo a la bebida) agradecen enormemente.

Es muy típica la situación de verse esperando durante horas en el aeropuerto debido a retrasos, escalas y demás que hacen que pasemos largas y aburridas horas muertas, y como no podía ser de otra forma no se tardó en advertir la utilidad de un bar cercano donde matar el tiempo.
Dentro de esa relación lógica los hay que han creado un bar clásico, sin exceso de bombo u originalidad, aprovechando la falta de opciones que hay en éstos lugares, y los hay que han buscado innovar y han logrado crear espacios realmente curiosos en los que la espera se hará breve.
Aquí van algunos:

Airbräu Brewery (Aeropuerto de Múnich-Franz Josef Strauss)

El aeropuerto de la ciudad alemana de Munich es el lugar ideal para los amantes de la cerveza. Y no sólo por la excelente carta disponible con una enorme variedad, ni tampoco por el ambiente que nos trasporta a una antigua posada, si no por ser un bar de aeropuerto único en sus especia al tener una fabrica de cerveza en su interior. Éstas se pueden disfrutar en la magnifica terraza mientras se escuchan las actuaciones en vivo que ofrece este peculiar bar.

FMIF Lounge Club (Aeropuerto de Ibiza)

Como no podía ser de otra forma vista la ubicación, es la opción más animada. Más que un bar se puede considerar un club/discoteca que fue creada por los conocidos dj´s Cathy y David Guetta, asiduos de la isla.
Aquí se puede no sólo bailar en alguna de las salas mientras se toma una copa, también comprar merchandising o cenar con una impresionantes vistas del Parque Natural de Salinas.
Es una despedida de Ibiza por todo lo alto.

Center Bar (Aeropuerto de Zürich)

Este bar ofrece un espacio más clásico y formal en el que tomar algo mientras se espera. Imita un antiguo salón que ofrece algunos platos de gourmet y productos de gran calidad para los paladares más exigentes.
Entre las exquisiteces que se pueden degustar llama la atención la tostada de caviar con salmón de Balik y la carta con los mejores vinos y champagnes, siempre acompañadas de música en vivo de piano.

Runway 34 (Aeropuerto de Zürich)

También en el aeropuerto de Zurich podemos encontrar otro bar de aeropuerto muy característico y original, por la opción anterior no se ajusta a nuestros gustos (o más bien a nuestro bolsillo).
Está construido dentro de un antiguo hangar con un avión soviético de 1957 que ofrece diferentes espacios donde cenar o tomar algo, convirtiendo la espera en una experiencia curiosa.

O2 Bar (Aeropuerto de Las Vegas)

Lo más posible es que cualquiera que vuelva de una estancia en Las Vegas ya haya consumido alcohol más que suficiente, por lo que la espera en el aeropuerto puede ser un momento perfecto para comenzar a recuperar la salud.
Para tal fin el bar O2 ofrece una curiosa alternativa, siendo un bar que no ofrece ningún tipo de bebida espirituosa. ¿Y que tomar? Se preguntaran algunos, pues oxigeno y agua con sabores.
Un bar de oxígeno que supone una forma cuanto menos curiosa de pasar el tiempo de espera.

Bar de la azotea del Ambassador Hotel (Aeropuerto Changi de Singapur)

En la terminal 1 del aeropuerto de Changi encontramos uno de los mejores bares que podemos encontrar en un aeropuerto, un motivo más que suficiente para desear hacer una escala aquí, el bar de la azotea del Hotel Ambassador del aeropuerto.
Es un bar en el por un módico precio se puede disfrutar de la magnifica piscina de la azotea, o descansar en las casetas mientras se toma un cóctel en un ambiente espectacular.

Cañas atemporales en Malasaña

La calle del Pez fue y aún es un microuniverso en sí misma. Y no podía ser de otra manera ubicada en medio del ecléctico barrio de Malasaña. Como el barrio, esta calle está experimentando una deriva al moderneo. En su momento esta larga calle fue un ejemplo del ambiente más cañí de la capital, con auténticos establecimientos de toda la vida, algo desaliñados pero llenos de encanto y que aún se envolvían de un ambiente de barrio. Pero los tiempos cambian y el barrio de Malasaña, y con él la calle del Pez, se van volviendo más cosmopolitas. No queda otra. No es malo, es parte de la evolución de una ciudad como Madrid, aunque sí es algo triste para los románticos, los que echan de menos un ambiente más auténtico y no tan cool.palentino01Pero aún resiste fuerte y entero uno de esos rincones castizos, el mítico bar El Palentino. Desde su exterior y su cartel típico de los bares de los 60 hasta su interior, nos transporta directamente a un típico bar de barrio lleno del buen ambiente característico del céntrico barrio de Malasaña.

Ofrece lo mejor que puede presentar un bar: cañas y tapas a buen precio y ambiente cercano y lleno de bullicio, y como plus, los considerados como mejores pepitos de Madrid. Su clientela también es muestra de lo particular de este bar respecto a otros de Malasaña. Y es que entre la multitud que lo llena hay de todo, desde clientes de toda la vida que han crecido con el bar, vecinos de este curioso barrio, o gente joven para los que los buenos precios y el buen ambiente unidos a la fama de este bar son alicientes de sobra para pasar divertidos ratos en El Palentino.

palentino02Cuesta mantenerse cuando estás rodeado de nuevos bares con un estilo y decoración cuidados y precios competitivos, pero ningún otro puede competir con la atmósfera de un Madrid auténtico y atemporal que se respira en El Palentino. Posiblemente por esto lo escogió Manu Chao para grabar el videoclip de su mítico tema: Me llaman calle. El Palentino ya pasa los 60 años, y aún conserva los dueños originales que, en el Madrid de finales de los 50 y procedentes de otros puntos de España, montaron este pequeño rincón castizo por el que ni pasa el tiempo, ni falta que hace.

Imágenes de Natalia López Pevida y Mallol