El Patillas, casticismo burgalés

Sólo entrar a esta tasca es toda una experiencia: paredes invisibles porque están repletas de fotografías amarillentas, tanto de celebridades como del vecino de la esquina, recortes de periódicos, carteles taurinos, de películas y casi cualquier material gráfico imaginable. Pero eso no es todo: raro es entrar y no toparse con una de las sesiones improvisadas de guitarras, mandolinas, laúdes y cantos al calor del vino.

El Patillas es un bar mítico de verdad, toda una institución en Burgos. Con cien años de antigüedad, no hay un solo sitio tan auténtico y genuino. El pasado 2013, tras tres generaciones, Armando Quintano, tan auténtico como el bar, delegó su gestión a Jesús y Ana, una joven pareja con ganas de conservar los años de historia y esencia del bar. Incluso recibieron los diez mandamientos del lugar en un folio escrito a mano.

Situado en la calle Calera 6, es un punto de referencia para todo aquel que quiera un ambiente diferente y, por supuesto, precios baratos. Eso sí, olvídate de bebidas sofisticadas y exquisitez. Botellines de cerveza recién sacados del arcón, chatos de vino y las copas más básicas son la norma. Y el resto, lo que tú decidas.

¿Que te sientes valiente? Pide uno de los instrumentos colgados y arráncate a tocar. ¿No sabes? Bueno, siempre podrás acompañar con tu voz a uno de los virtuosos (o no) que ande por allí. Si no, también puedes buscar pareja y bailar. Cada cual tiene su rol. Incluso puedes limitarte a escuchar desde fuera, sentado en unos escalones mientras tomas tu cerveza, e imaginar el glorioso concierto que está teniendo lugar. Pero hagas lo que hagas, sin duda serás partícipe de uno de los lugares con más encanto de todo Burgos.

El Patillas

Fuente: Melo

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